No se trató de una guardia médica a domicilio; más bien fue una ayuda inesperada. Cuando la sexta edición de #54bares parecía complicarse una vez más en materia logística (en el bar El Coleccionista no querían acomodar las mesas para que los 12 a 16 amigos que nos íbamos a encontrar estuviéramos cómodos), una gestión salvadora encontró la soga flotando y todos nos colgamos de ella:
- “Entonces ustedes son del grupo de doctor”
- ¡Por supuesto! -contestó un integrante que prefirió preservar su identidad por temor a ser tildado de faltar a la verdad.
Los mozos -que habían ignorado los tres pedidos de acomodar las mesas que les hicimos-empezaron a hacer su tarea: dar forma a la ronda para que podamos, por fin, sentarnos de manera de vernos todos, con varias mesas en forma de cuadrado.
- “Yo lo conozco al doctor, ¿va a venir?” -me dijo el mozo que más activamente había colaborado para que nos pudiéramos sentar los 10 que ya estáabmos en el bar
Agarré mi BlackBerry no dudé en mostrarle mi timeline:
- “Estamos mandándole mensajes, porque está reunido y parece que va para largo” -dije, intentando poner cara de preocupado o tal vez de apenado.
En la mesa ya había algunos doctores: Guillermo y Pedro. Pero no era a ellos a quienes esperaba el mozo. Hice un repaso rápido por los habitués de #54bares, y me acordé de un licenciado, pero que pasa por doctor por su bonomía y elegancia. Entonces, le mandé un tuit:

La respuesta llegó, pero nunca fue exhibida ante el mozo. Sólo le acerqué unas disculpas.
- “Al final no pudo venir el doctor…” -disparó el mozo.
- Y, vos sabés cómo es su trabajo… -dije enigmático, mientras le dejaba el pago y una adecuada propina para compensar el faltazo de nuestro doctor.
¡Seguinos!