La Confitería del Molino podría recuperarse para la cultura porteña

Es una noticia que desde #54Bares celebramos, la posible recuperación de la Confitería del Molino, un emblema de la cultura de la ciudad de Buenos Aires. Si bien todavía falta que se apruebe alguno de los proyectos, hubo un avance sustancial en la Cámara de Diputados: la comisión de Cultura dio dictamen favorable para dos proyectos de expropiación de la Confitería.

Trascribimos la nota que se publicó en La Nación:

La Confitería del Molino está más cerca de ser expropiada

Aprobaron un dictamen en Diputados que podría ser sancionado antes de fin de año

José María Costa
LA NACION

Los trece años de abandono y olvido de la emblemática Confitería del Molino parecen llegar a su fin de la mano de iniciativas que avanzan en el Congreso Nacional y que plantean la expropiación del abandonado y deteriorado inmueble de la esquina de Callao y Rivadavia.

Ayer, la Cámara de Diputados dio el primer paso al lograr un dictamen consensuado sobre la base de los cuatro proyectos, oficialistas y opositores, que declaran de utilidad pública a la confitería que cobró fama internacional por las exquisiteces que allí se elaboraban, como el marrón glacé, el panettone de castañas, el merengue y el postre creado por Cayetano Brenna, en 1917, llamado imperial ruso, que al cruzar el océano camino a Europa fue rebautizado como “postre argentino”.

La Comisión de Cultura de la Cámara baja, presidida por el socialista porteño Roy Cortina, emitió ayer un dictamen favorable y unánime que pasó a la Comisión de Presupuesto y Hacienda, que preside el oficialista Gustavo Marconato, último paso antes de ser tratado en el recinto.

Tras la reunión, Cortina explicó que con el proyecto “no sólo avanza en la expropiación, sino que, al mismo tiempo, garantiza la puesta en valor de esta confitería, que ha sabido ser un símbolo de vida cultural y política de Buenos Aires”, y agregó que también “está previsto que los pisos superiores [del 2° al 5°] se destinen a la conformación de un ámbito cultural, en el que ambas Cámaras del Congreso podrán desarrollar actividades de extensión legislativa, promoción del federalismo, vinculación con la ciudadanía y difusión de los valores democráticos”.

Consultado por LA NACION sobre el tratamiento del proyecto unificado en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, Cortina dijo que, si bien no hay una fecha exacta, “la idea es que llegue al recinto antes de fin de año”.

En tanto, desde la Cámara alta el senador porteño Samuel Cabanchik, del Probafe, también presentó una iniciativa para que la Confitería del Molino pase a manos del Congreso. Consultado por LA NACION, el senador dijo: “Es un buen predictamen que coincide en el objetivo y también en los medios con el proyecto que presenté. Me alegra que se haya avanzado. De todas maneras, hasta que no obtenga sanción en la Cámara de Diputados, seguimos trabajando con nuestra iniciativa en el Senado”.

Además, en la tarde del sábado pasado, Cabanchik organizó un acto cultural para la recuperación de la Confitería del Molino, frente al edificio, en el que participaron ONG defensoras del patrimonio de la ciudad, bailarines y cantantes de tango. Como orador especial estuvo Alfredo Mayer, la primera persona que nació en el edificio (ver aparte).

La Confitería del Molino funcionó en Federación y Garantías, actuales Rivadavia y Rodríguez Peña, desde sus orígenes, en 1848. Es decir, a 100 metros de donde se sitúa en la actualidad. Fue fundada por los reposteros italianos Constantino Rossi y Cayetano Brenna, y llamada Antigua Confitería del Molino por el molino Lorea, el primer harinero de Buenos Aires.

En 1904, el hijo de Brenna, también llamado Cayetano, compró la esquina de Callao y Rivadavia, y en años posteriores los edificios linderos de Callao 32 y Rivadavia 1815.

Luego, le encargó al arquitecto Francisco Terencio Gianotti la construcción de un edificio único que fusionara las tres propiedades existentes, que fue inaugurado en 1917 tal como se lo conoce en la actualidad.

El resultado fue un edificio de seis pisos y tres subsuelos. Los tres pisos superiores se destinaron a inmuebles para alquiler y en las dos primeras plantas, más los subsuelos, funcionaron, durante ocho décadas, la confitería y dos salones de fiestas, el Versalles y el Gran Molino.

Fuente: La Nación

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